La recta final hacia el invierno polar es uno de mis momentos favoritos. El paisaje cambia drásticamente, sufriendo una metamorfosis sin igual en la que los atardeceres se adelantan y los amaneceres se retrasan, hasta encontrarse y fundirse en un crepúsculo digno de las fábulas. Durante este período, se forman a menudo “arcos anticrepusculares” como el de la foto, tiñendo de rosa el cielo durante horas, en un claro contraste con el metálico y helado escenario, que se prepara para irse definitivamente dormir.
La recta final hacia el invierno polar es uno de mis momentos favoritos. El paisaje cambia drásticamente, sufriendo una metamorfosis sin igual en la que los atardeceres se adelantan y los amaneceres se retrasan, hasta encontrarse y fundirse en un crepúsculo digno de las fábulas. Durante este período, se forman a menudo “arcos anticrepusculares” como el de la foto, tiñendo de rosa el cielo durante horas, en un claro contraste con el metálico y helado escenario, que se prepara para irse definitivamente dormir.